4 realidades Sorprendentes de los Colombianos que Regresan al País
Volver a casa. Pocas frases evocan una sensación tan universal de alegría, pertenencia y alivio. Es la idea de regresar al lugar donde uno pertenece, donde las raíces son profundas y el abrazo es familiar. Sin embargo, para miles de colombianos que retornan a su país después de años, e incluso décadas en el extranjero, este regreso no es un final feliz, sino el comienzo de una lucha inesperada y silenciosa.
Lejos de ser recibidos con los brazos abiertos, muchos se encuentran con barreras invisibles, desinformación y una profunda sensación de no pertenecer. Su lucha es por algo que daban por sentado: ser vistos y escuchados en su propia tierra. Este artículo revela cuatro de las realidades más impactantes que enfrentan los colombianos retornados; realidades que cuestionan nuestra idea de lo que significa «volver a casa».
- Son colombianos, pero se sienten invisibles.
Resulta paradójico: a diferencia de los migrantes que buscan establecerse por primera vez o de los desplazados internos, cuyas luchas tienen marcos de atención definidos, los colombianos retornados caen en una especie de limbo administrativo y social. Aun cuando tienen la nacionalidad, son ciudadanos que no encajan en las categorías de ayuda existentes, lo que los deja desprotegidos.
Como resumió Gladys Garavito, representante de la Corporación CorHuellas, tras escuchar sus historias: «Hasta ahora se han sentido invisibilizados». Se espera que un ciudadano que regresa retome su vida sin fricciones, pero la realidad es que deben luchar por un reconocimiento que debería ser automático. Su principal obstáculo no es la falta de documentos, sino la falta de visibilidad ante el Estado y la sociedad.
- Casi nadie conoce sus derechos más básicos.
Esta invisibilidad se traduce en una falla sistémica: en 2023, el 98.25% de las personas retornadas identificadas por CorHuellas manifestaron desconocer la ruta para acceder al Registro Único de Retornados (RUR).
El RUR no es un simple trámite burocrático; es el mecanismo oficial para el reconocimiento de sus derechos. Sin este registro, un colombiano retornado es, a efectos prácticos, un fantasma para el sistema: no puede acceder a servicios de salud, educación, apoyo psicosocial u oportunidades de empleo diseñadas para esta población. Esta cifra revela que la primera y más grande barrera es una desinformación casi total que cierra las puertas institucionales.
- Las mujeres retornadas son las más vulnerables, y también las más resilientes.
El proceso de retorno tiene un rostro predominantemente femenino, y sus desafíos son únicos. La Red de Mujeres Colombianas Retornadas nació precisamente de la «escucha activa» de sus necesidades específicas: el desarraigo, la falta de redes de apoyo y el riesgo de enfrentar diversas formas de violencia.
Al conocer sus experiencias, se identifica un patrón claro: son mujeres que vivieron décadas fuera de Colombia —algunas hasta 40 años— y que a menudo también son víctimas del conflicto armado. Muchas son cabezas de hogar y emprendedoras que buscan sacar adelante a sus familias con pocos recursos. Como relata una integrante de la Red: «Perdí todo lo que tenía y tuve que regresar por la trocha… el retorno fue difícil por la falta de información sobre las entidades y sus servicios, pero en la Red encontramos un espacio de acompañamiento y sanación».
- Un encuentro puede cambiarlo todo.
Ante desafíos complejos, empezar por lo más básico —reunirse y escuchar— puede marcar la diferencia. Eso ocurrió en el «Primer Encuentro de Colombianos Retornados» en Cúcuta, un evento que se convirtió en un momento clave para los asistentes, quienes compartieron sus experiencias y encontraron un espacio para ser escuchados.
Para participantes como Aura, el valor del encuentro fue claro: «Este espacio es importante para conocer las necesidades de otros y apoyarnos». El objetivo final es construir una red sólida donde los propios retornados se conviertan en replicadores de información, asegurando que nadie más tenga que empezar desde cero. Como afirma el testimonio colectivo de la Red: «Desde el 6 de marzo de 2024 comenzamos a ser visibles; a partir de esa fecha nuestro compromiso empezó a reconocerse».